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domingo, 2 de febrero de 2014

Un juego que nació gracias al GPS



El geocaching gana adeptos; se trata de la búsqueda de tesoros que pueden estar escondidos en la ciudad o en el campo; el premio en sí no es lo importante: la aventura, sí lo es (*)

Aventura, juego y tecnología son los ingredientes más sobresalientes en la receta del geocaching, la versión new age de la búsqueda del tesoro. Este movimiento lúdico inicia cuando un participante prepara uncaché (el tesoro, en la jerga), elige un escondite y publica en foros especializados las coordenadas y fotografías del lugar, con el ánimo de que otros se lancen a la búsqueda. Aquel que avanza en la dirección correcta y da con el botín estampa su firma en la bitácora o "logbook", toma alguno de los obsequios allí dispuestos (generalmente libros, discos, bijouterie, elementos de la naturaleza, pines o souvenirs; aunque existen regalos más sofisticados, como dispositivos tecnológicos) y deja a cambio algún otro objeto. "Un buen geocacher no toma un objeto sin dejar uno él también", versa una de las máximas de esta disciplina. Vuelve a esconder el caché y regresa al sitio web de origen para contar su experiencia, las particularidades del caché y de la zona, y las curiosidades aparecidas en el camino hacia el tesoro.
La singularidad de esta práctica radica en que en vez de buscar con la asistencia de un mapa de papel y una brújula que señala el norte del globo, la pesquisa es comandada por un dispositivo GPS. Si bien los hay de mayor precisión, son útiles para jugar los que se usan comúnmente en los automóviles y aquellos que se integran muchos de los teléfonos móviles del mercado. En relación con los smartphones, existen herramientas dispuestas en las tiendas de aplicaciones que proveen coordenadas, indicación de cachés próximos al usuario y consejos para la práctica: las hay para los sistemas operativos más populares del sector. Sólo hay que afinar el lápiz en Google Play, iTunes o Windows Phone Marketplace.

CACHÉS EN EL MUNDO

En mayo del año 2000, el gobierno estadounidense encabezado por Bill Clinton permitió al usuario común aprovechar los beneficios de los satélites dispuestos para el posicionamiento. Con anterioridad a esta apertura, la eficiencia de los receptores comerciales era menor en relación a la que utilizaban las fuerzas militares, por entonces dueñas de la precisión plena del GPS.
Enterado de la noticia, David Ulmer, miembro de un foro dedicado a este tipo de tecnologías, decidió celebrar: escondió un tesoro, compartió las coordenadas e invitó a ir en su búsqueda haciendo uso del reforzado GPS. A catorce años de aquella piedra fundamental para la actividad, la misma goza de vigor a nivel global: según Geocaching.com, sitio de referencia a nivel mundial, existen más de 6 millones de practicantes que buscan más de 2 millones de tesoros escondidos en distintos países.
Hay cachés dispersos en los cinco continentes, algunos se esconden bajo el océano, e incluso existe uno en la Estación Científica Almirante Brown, en la Antártida (los detalles en http://coord.info/GC13ZJ3).
Si bien los tesoros aparecen corrientemente en espacios al aire libre, los hay también en centros urbanos; estos últimos suelen ser microcachés, habitualmente dispuestos en envases pequeños como rollos de fotografía y camuflados, a fin de pasar inadvertidos en ambientes muy transitados y apartados de manos intrusas (no se inquieten, más adelante le damos más pistas sobre esta práctica).
Existen muchas especies de tesoros: hay una modalidad en la cual el premio es alojado en un dispositivo de almacenamiento USB; otros que proponen entregar enseñanzas sobre el planeta tierra, y, entre tantas, hay una variante denominada multicaché que consiste en una secuencia de pistas las cuales, al término, conducen al anhelado tesoro. Para dar rienda suelta a la búsqueda no es imperioso esperar un evento particular o una reunión establecida: los cachés esperan a tiempo completo la llegada de un explorador quien, al retirarse, deberá esconderlo en el mismo sitio donde lo halló.

BÚSQUEDAS EN CELESTE Y BLANCO

En nuestro país el juego se practica desde el año 2001 (el primer tesoro registrado apareció en Concordia, Entre Ríos, cerca de Salto Grande), siendo setecientos los usuarios activos en la actualidad en busca de alrededor de seiscientos cachés dispersos en el territorio argentino, según explica a LA NACION Fernando Sosa, responsable del sitio web que concentra al geocaching vernáculo.
Kariher , seudónimo de Karina Sosa Villamil, una asidua geocacher local quien elige practicar esta actividad con su marido e hijos, cuenta que el premio "es el hallazgo en sí sin importar lo que haya dentro del contenedor".
No obstante, añade que también es relevante ser el primero en llegar, hecho que entrega una suerte de estatus y que "la búsqueda ya es un tesoro, por el lugar que se conoce, el esfuerzo realizado o el misterio que encierra".
No existen requisitos para participar en el juego, según afirma Sosa. "Lo practican desde chicos de seis y siete años hasta adultos de cualquier edad, no existen limitaciones físicas para hacerlo. Por supuesto que la mayor parte de los geocachers son amantes de la naturaleza y combinan sus salidas con senderismo, acampadas, ciclismo, kayakismo, etcétera, pero también hay quienes esconden y buscan cachés en ciudades y centros urbanos. Sólo basta con ser metódico, respetar a los demás y al medio ambiente y, si es posible, tener un GPS o un celular con GPS. El resto es sólo ganas de divertirse."
Sosa opina que el geocacher argentino no es diferente de cualquier otro en el mundo. "Muchos de los visitantes de nuestros cachés son extranjeros, por lo cual tratamos de mantenernos dentro del mismo estilo y costumbres en que se practica en todo el mundo", explica.
Por el contrario, Kariher subraya algunos signos distintivos del practicante local: "Aún no somos muchos y tratamos de ayudarnos y estar en contacto, a diferencia de Europa donde son miles como para conocerse (...). Por lo general escondemos cachés en zonas turísticas o de atractivos para valorizar nuestro país y generar el interés por el lugar".
Además, sostiene la exploradora, "el argentino escribe textos más largos de agradecimiento o alabando el lugar y sube fotos del hallazgo a la página".

CON UN TOQUE DE MAGIA

Uno de los tesoros más célebres a nivel global hace pie en la Argentina: se trata de uno activado por el geocacher tucumano Arieltuc, el cual se postula como "un centro de intercambio de DVD" y que ha sido elegido como uno de los mejores cachés del país en 2013.
Este usuario, uno de los más activos en el medio local, explica la importancia de ser discretos a la hora de esconder un tesoro. "Los que desconocen este juego son conocidos como muggles(término tomado de las aventuras de Harry Potter). Lamentablemente, suele ser gente que por curiosidad o maldad boicotean esta sana actividad destruyendo los cachés". Y agrega: "Siempre hay que tener discreción, no llamar la atención y saber encontrar un escondite que pase inadvertido".
En el foro de geocachingargentina.blogspot.com.ar aparece no solamente el listado de los cachés locales; también se indican los eventos venideros y se debate en torno a esta disciplina a la cual muchos de los practicantes no dudan en calificar como un deporte, a causa del movimiento que envuelve su práctica. Adicionalmente, el geocaching se postula como un original modo de hacer turismo, conocer nuevos paisajes e incluso cuidar el medioambiente. Sobre este último punto, desde el año 2002 la comunidad de geocaching impulsa una iniciativa denominada "Tesoro sí, basura no", la cual propone limpiar parques y otros espacios al tiempo que se avanza hacia el botín, recogiendo los desechos que aparezcan en el camino e impulsando planes de reforestación. Finalmente, esta práctica se figura como una buena excusa para salir con amigos y familia en el marco de una actividad alejada de lo tradicional.
En relación con la práctica en grupo, dice Kariher : "Comenzó a jugarlo mi papá y me contagió el gusto; lo mismo trato de hacer ahora yo con mi familia. Por lo general buscamos durante las vacaciones, cargamos previamente el GPS con las coordenadas, el celular con las fotos y las pistas. Mis hijos disfrutan de buscar e intercambiar regalos, ¡pero también han preguntado por qué no podemos ser una familia normal que descansa en vacaciones!"
(*) Artículo publicado en el diario La Nación, por el periodista Uriel Bederman con fecha 25/01/14

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